En la parte trasera del garaje, el olor a aceite y gasolina se mezcla con el calor de los cuerpos. Justin, un joven mecánico, se ve rodeado por Rafael Alencar y Josh, dos hombres con monos abiertos, torsos brillantes, ojos ardientes. Le atraen detrás de un montón de neumáticos, la puerta medio cerrada, el mundo exterior ya lejano. Justin cae de rodillas sobre el cemento, se mete en la boca las dos enormes pistolas por turnos, la garganta profunda, los ojos brillantes, gimiendo de placer. Rafael y Josh se miran, cómplices, luego uno de ellos agarra una palanca de cambios bien engrasada: la deslizan lenta, profundamente, abriendo a Justin con precisión e intensidad.Cuando está listo, Rafael lo toma primero: una penetración potente y profunda sobre el montón de neumáticos. Josh le sigue, y luego se alternan, llenándole y haciéndole aullar de placer. El chorro final es real: dos cargas generosas que lo cubren por todas partes.